Elige dos tonos principales y un acento sutil, evitando gritos cromáticos. La tipografía debe respirar: interletrado generoso, pesos suaves, títulos que invitan sin mandar. Un folleto pequeño, con instrucciones en voz cercana, refuerza el cuidado. Recuerda que el conjunto empieza a calmar desde la caja; todo lo visible debe bajar pulsaciones, no vender estridencia.
Vidrio esmerilado, cerámica porosa o latas satinadas ofrecen tacto amable. Las tapas de madera perfumada sugieren bosque, mientras un borde textil aporta ternura. Etiquetas con blancos amplios y tinta serena permiten que la mano descanse. Evita sobrecargar con iconos y promesas absolutas; deja espacio para que la experiencia sensorial complete el mensaje sin exigir rendimiento.
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